Durante la mayor parte del siglo XX, antes de la aparición de la insulina humana, los pacientes con DMID han utilizado insulina derivada naturalmente de animales, por lo general derivada de cerdos o vacas. Este fármaco estaba muy regulado y sus usuarios llevaban una vida normal, aunque algunos pacientes lo consideraban extraños. Algunas veces esto causaba reacciones adversas como alergias.
Posteriormente la industria farmacéutica empezó a sintetizar un nuevo tipo de insulina humana trangenica, que no presentan efectos adversos. Lo que se hizo fue ingeniería genética en microorganismos como E.coli o levaduras, a los que se les insertó los genes humanos que sintetizan la insulina, el nuevo fármaco era una proteína humana de origen recombinante.
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